ORIENTACIÓN PARA EL DIAGNÓSTICO clasificación DSM-4
No juegue a ser psicólogo, un buen diagnostico sólo puede hacerlo un profesional.
1. Trastornos de ansiedad
En esta sección se describen los siguientes trastornos de ansiedad: trastornos de angustia sin agorafobia, trastorno de angustia con agorafobia, agorafobia sin historia de trastorno de angustia, fobia específica, fobia social, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno por estrés postraumático, trastorno por estrés agudo, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica, trastorno de ansiedad inducido por sustancias y trastorno de ansiedad no especificado.
En el contexto de todos estos trastornos pueden aparecer crisis de angustia y agorafobia, de ahí que los criterios para el diagnóstico de estas dos entidades se expongan por separado al principio de esta sección.
1.a. La crisis de angustia (panic attack) se caracteriza por la aparición súbita de síntomas de
aprensión, miedo pavoroso o terror, acompañados habitualmente de sensación de muerte inminente. Durante estas crisis también aparecen síntomas como falta de aliento, palpitaciones, opresión o malestar torácico, sensación de atragantamiento o asfixia y miedo a "volverse loco" o perder el control.
1.b. La agorafobia se caracteriza por la aparición de ansiedad o comportamiento de evitación en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil (o embarazoso), o bien donde sea imposible encontrar ayuda en el caso de que aparezca en ese momento una crisis de angustia o síntomas similares a la angustia.
1.c. El trastorno de angustia sin agorafobia se caracteriza por crisis de angustia recidivantes e
inesperadas que causan un estado de permanente preocupación al paciente.
1.d. El trastorno de angustia con agorafobia se caracteriza por crisis de angustia y agorafobia de carácter recidivante e inesperado.
1.e. La agorafobia sin historia de trastorno de angustia se caracteriza por la presencia de agorafobia y síntomas similares a la angustia en un individuo sin antecedentes de crisis de angustia inesperadas.
1.f. La fobia específica se caracteriza por la presencia de ansiedad clínicamente significativa como respuesta a la exposición a situaciones u objetos específicos temidos, lo que suele dar lugar a comportamientos de evitación.
1.g. La fobia social se caracteriza por la presencia de ansiedad clínicamente significativa como
respuesta a ciertas situaciones sociales o actuaciones en público del propio individuo, lo que suele dar lugar a comportamientos de evitación.
1.h. El trastorno obsesivo-compulsivo se caracteriza por obsesiones (que causan ansiedad y malestar significativos) y/o compulsiones (cuyo propósito es neutralizar dicha ansiedad).
1.i. El trastorno por estrés postraumático se caracteriza por la reexperimentación de acontecimientos altamente traumáticos, síntomas debidos al aumento de la activación (arousal) y comportamiento de evitación de los estímulos relacionados con el trauma.
1.j. El trastorno por estrés agudo se caracteriza por síntomas parecidos al trastorno por estrés
postraumático que aparecen inmediatamente después de un acontecimiento altamente traumático.
1.a. La crisis de angustia
Criterios para el diagnóstico de crisis de angustia:
Aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro
(o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión
en los primeros 10 min:
(1) palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca
(2) sudoración
(3) temblores o sacudidas
(4) sensación de ahogo o falta de aliento
(5) sensación de atragantarse
(6) opresión o malestar torácico
(7) náuseas o molestias abdominales
(8) inestabilidad, mareo o desmayo
(9) desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado
de uno mismo)
(10) miedo a perder el control o volverse loco
(11) miedo a morir
(12) parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo)
(13) escalofríos o sofocaciones
1.b. La agorafobia
Criterios para el diagnóstico de agorafobia:
A. Aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede
resultar difícil (o embarazoso) o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia
inesperada o más o menos relacionada con una situación, o bien síntomas
similares a la angustia, puede no disponerse de ayuda. Los temores agorafóbicos
suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características, entre las
que se incluyen estar solo fuera de casa; mezclarse con la gente o hacer cola; pasar
por un puente, o viajar en autobús, tren o automóvil.
Nota: Considerar el diagnóstico de fobia específica si el comportamiento de evitación se limita a una o pocas situaciones específicas, o de fobia social si tan sólo se relaciona con acontecimientos de carácter social.
B. Estas situaciones se evitan (p. ej., se limita el número de viajes), se resisten a costa
de un malestar o ansiedad significativos por temor a que aparezca una crisis de
angustia o síntomas similares a la angustia, o se hace indispensable la presencia
de un conocido para soportarlas.
C. Esta ansiedad o comportamiento de evitación no puede explicarse mejor por la presencia
de otro trastorno mental como fobia social (p. ej., evitación limitada a situaciones
sociales por miedo a ruborizarse), fobia específica (p. ej., evitación limitada
a situaciones aisladas como los ascensores), trastorno obsesivo-compulsivo (p. ej.,
evitación de todo lo que pueda ensuciar en un individuo con ideas obsesivas de
contaminación), trastorno por estrés postraumático (p. ej., evitación de estímulos
relacionados con una situación altamente estresante o traumática) o trastorno de
ansiedad por separación (p. ej., evitación de abandonar el hogar o la familia).
1.c. El trastorno de angustia sin agorafobia
Criterios para el diagnóstico de Trastorno de angustia sin agorafobia:
A. Se cumplen (1) y (2):
(1) crisis de angustia inesperadas recidivantes
(2) al menos una de las crisis se ha seguido durante 1 mes (o más) de uno
(o más) de los siguientes síntomas:
(a) inquietud persistente ante la posibilidad de tener más crisis
(b) preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias
(por ej., perder el control, sufrir un infarto de miocardio, "volverse loco")
(c) cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis
B. Ausencia de agorafobia
C. Las crisis de angustia no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia
(p. ej., drogas, fármacos) o una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).
D. Las crisis de angustia no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno
mental, como por ejemplo fobia social (p. ej., aparecen al exponerse a situaciones
sociales temidas), fobia específica (p. ej., el exponerse a situaciones fóbicas
específicas), trastorno obsesivo-compulsivo (p. ej., al exponerse a la suciedad
cuando la obsesión versa sobre el tema de la contaminación), trastorno por estrés
postraumático (p. ej., en respuesta a estímulos asociados a situaciones altamente
estresantes), o trastorno por ansiedad de separación (p. ej., al estar lejos de casa o
de los seres queridos).
1.d. El trastorno de angustia con agorafobia
Criterios para el diagnóstico de Trastorno de angustia con agorafobia
A. Se cumplen (1) y (2):
(1) crisis de angustia inesperadas recidivantes
(2) al menos una de las crisis se ha seguido durante 1 mes (o más) de uno
(o más) de los siguientes síntomas:
(a) inquietud persistente por la posibilidad de tener más crisis
(b) preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias (por
ej., perder el control, sufrir un infarto de miocardio, "volverse loco")
(c) cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis
B. Presencia de agorafobia
C. Las crisis de angustia no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia
(p. ej., drogas, fármacos) o una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).
D. Las crisis de angustia no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno
mental, como por ejemplo fobia social (p. ej., aparecen al exponerse a situaciones
sociales temidas), fobia específica (p. ej., el exponerse a situaciones fóbicas
específicas), trastorno obsesivo-compulsivo (p. ej., al exponerse a la suciedad
cuando la obsesión versa sobre el tema de la contaminación), trastorno por estrés
postraumático (p. ej., en respuesta a estímulos asociados a situaciones altamente
estresantes), o trastorno por ansiedad por separación (p. ej., al estar lejos de casa
o de los seres queridos).
1.e. La agorafobia sin historia de trastorno de angustia
Agorafobia sin historia de trastorno de angustia
Características diagnósticas
Las características esenciales de la agorafobia sin historia de trastorno de angustia son similares a los del trastorno de angustia con agorafobia, excepto en el hecho de que existe temor a la aparición de síntomas similares a la angusita o crisis con sintomatología limitada incapacitantes o extremadamente embarazosos, pero nunca crisis de angustia completas. Los individuos con este trastorno presentan agorafobia (Criterio A). Los "síntomas similares a la angustia" incluyen cualquiera de los 13 síntomas descritos en la sección correspondiente a las crisis de angustia o bien otros síntomas que pueden resultar incapacitantes o embarazosos (p. ej., pérdida del control de esfínter urinario). Por ejemplo, el individuo puede tener miedo a salir de casa por temor a marearse, desmayarse y no encontrar ayuda de nadie una vez en el suelo. Para efectuar este diagnóstico, nunca deben haberse cumplido los criterios diagnósticos de trastorno de angustia completo (Criterio B), y el cuadro sintomático no ha de ser secundario a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o de una enfermedad médica (Criterio C). En el caso de asociarse una enfermedad médica (p. ej., una enfermedad cardíaca), el miedo a sentir incapacitación o embarazo por la aparición de sus síntomas (p. ej., desmayos) es claramente
excesivo en comparación con el temor habitualmente asociado a ese proceso (Criterio D).
1.f. La fobia específica
Fobia específica Características diagnósticas
La característica esencial de la fobia específica es un miedo intenso y persistente a objetos o
situaciones claramente discernibles y circunscritos (Criterio A). La exposición al estímulo fóbico
provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad (Criterio B). Esta respuesta
puede adquirir la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una
situación determinada (v. pág. 402). Aunque los adolescentes y adultos con este trastorno reconocen
que este temor es excesivo e irracional (Criterio C), esto no sucede a veces en el caso de los
niños. En la mayoría de las ocasiones el estímulo fóbico es evitado, si bien a veces puede experimentarse,
aunque con sumo terror (Criterio D). El diagnóstico es correcto sólo si este comportamiento
de evitación, miedo o ansiedad de anticipación en relación con el estímulo fóbico interfiere
significativamente con las actividades cotidianas del individuo, con sus relaciones laborales o
sociales, o si la existencia de esta fobia provoca un malestar evidente (Criterio E). En los menores
de 18 años los síntomas deben haber persistido durante al menos 6 meses antes de poder efectuar
el diagnóstico de fobia específica (Criterio F). La ansiedad, crisis de angustia o evitación fóbica no
pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej., trastorno obsesivo-compulsivo,
trastorno por estrés postraumático, trastorno de ansiedad por separación, fobia social, trastorno
de angustia con agorafobia o agorafobia sin historia de trastorno de angustia) (Criterio G).
El individuo experimenta un temor marcado, persistente y excesivo o irracional cuando se encuentra
en presencia de objetos o situaciones específicos o bien cuando anticipa su aparición. El
objeto del miedo puede ser la propia anticipación del peligro o daño inherente al objeto o situación
(p. ej., el individuo puede temer viajar en avión debido al miedo a estrellarse, puede temer a
los perros por miedo a ser mordido o puede temer conducir un coche por miedo a tener un accidente).
Las fobias específicas también pueden hacer referencia a la posibilidad de perder el control,
angustiarse y desmayarse al exponerse al objeto temido. Por ejemplo, los individuos temerosos de
la sangre y las heridas pueden estar preocupados asimismo por la posibilidad de desmayarse, los
que tienen miedo a las alturas también pueden sentir inquietud por los mareos y los que tienen
miedo a las aglomeraciones pueden preocuparse asimismo por la posibilidad de perder el control
y empezar a gritar entre la gente.
En presencia del estímulo fóbico aparece de forma inmediata y casi invariablemente una respuesta
de ansiedad (p. ej., un individuo con fobia específica a los gatos experimentará casi invariablemente
y de forma inmediata una respuesta de ansiedad cuando se le fuerce a acercarse a
ellos). El nivel de ansiedad o temor suele variar en función del grado de proximidad al estímulo
fóbico (p. ej., el miedo se intensifica a medida que el gato se acerca y disminuye a medida que
éste se aleja) y al grado en que la huida se ve limitada (p. ej., el miedo se intensifica a medida que
el ascensor se acerca al punto medio entre dos pisos y disminuye a medida que las puertas se van
abriendo al llegar al siguiente piso). Sin embargo, la intensidad del temor no siempre se relaciona
de forma tan previsible con el estímulo fóbico (p. ej., una persona que tiene miedo a las alturas
puede experimentar grados variables de temor al cruzar el mismo puente en diferentes momentos).
En ocasiones aparecen crisis de angustia con sintomatología completa como respuesta al estímulo
fóbico, especialmente cuando la persona se ve obligada a permanecer en esa situación o cree que
la huida es imposible. Debido a la aparición de ansiedad anticipatoria cuando el individuo se ve
en la necesidad de entrar en situaciones fóbicas para él, éstas suelen acabar siendo evitadas. Con
menos frecuencia, el individuo se obliga a sí mismo a soportar la situación fóbica, aunque esto
propicia la aparición de una intensa ansiedad.
Los adultos que padecen este trastorno reconocen que la fobia es excesiva o irracional. En el
caso de que, por ejemplo, un individuo evite entrar en un ascensor porque está convencido de que
ha sido saboteado y no reconozca que este temor es excesivo e irracional, en vez de una fobia específica
debe diagnosticarse un trastorno delirante. Es más, tampoco debe diagnosticarse una fobia
específica si el temor se considera coherente teniendo en cuenta el contexto en que se produce
(p. ej., miedo a recibir un disparo en un coto de caza o en un barrio peligroso). La convicción
o conciencia de que el temor es excesivo o irracional tienden a aumentar con la edad, pero no
constituyen un elemento diagnóstico imprescindible en la infancia.
Los temores a objetos o situaciones circunscritas son muy frecuentes, sobre todo en los niños,
si bien en muchos casos el grado de deterioro a que dan lugar no es suficiente para establecer el
diagnóstico. Si la fobia no provoca un malestar clínico significativo o un deterioro de la actividad
del individuo, no debe efectuarse el diagnóstico de fobia específica. Por ejemplo, un individuo que
tiene miedo a las serpientes hasta el punto de experimentar un intenso temor cuando está ante una
de ellas no debe ser diagnosticado de fobia específica si reside en un área donde no hay serpientes,
sus actividades no se ven limitadas por el intenso temor que le infunden estos reptiles y no
siente malestar alguno por esta situación.
1.g. La fobia social
Características diagnósticas:
La característica esencial de este trastorno es el miedo persistente y acusado a situaciones sociales
o actuaciones en público por temor a que resulten embarazosas (Criterio A). La exposición a estos
estímulos produce casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad (Criterio B). Dicha respuesta puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una
situación determinada. Aunque los adolescentes y adultos que padecen el trastorno reconocen
que este temor resulta excesivo o irracional (Criterio C), puede que esto no suceda en los niños.
En la mayoría de las ocasiones las situaciones sociales o actuaciones en público acaban convirtiéndose
en motivo de evitación, si bien otras veces el individuo puede soportarlas aunque experimentando
sumo terror (Criterio D). El diagnóstico puede efectuarse sólo en los casos en los que el
comportamiento de evitación, el temor o la ansiedad de anticipación interfieren marcadamente con la
rutina diaria del individuo, sus relaciones laobrales y su vida social, o bien genera un malestar clínicamente significativo (Criterio E). En las personas menores de 18 años los síntomas deben haber persistido como mínimo durante 6 meses antes de poder diagnosticar una fobia social (Criterio F). El miedo o los comportamientos de evitación no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia
o a una enfermedad médica y no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental
(p. ej., trastorno de angustia, trastorno de ansiedad por separación, trastorno dismórfico corporal, trastorno generalizado del desarrollo, o trastorno esquizoide de la personalidad) (Criterio G). Si existe otro trastorno mental (p. ej., tartamudez, enfermedad de Parkinson, anorexia nerviosa), el temor o el comportamiento de evitación no se limitan a la preocupación por su posible impacto social (Criterio H).
Cuando el individuo con fobia social se encuentra en las situaciones sociales o en las actuaciones
en público temidas, experimenta una preocupación constante por la posibilidad de que resulten
embarazosas y teme que los demás le vean como a un individuo ansioso, débil, "loco" o estúpido.
Estos individuos pueden tener miedo de hablar en público porque creen que los demás se darán cuenta
de que su voz o sus manos están temblando, o porque piensan que en cualquier momento les puede
invadir una extrema ansiedad al mantener una conversación por temor a no poder articular correctamente
las palabras. Puede que eviten comer, beber o escribir en público por miedo a sentirse en apuros cuando los demás comprueben cómo les tiemblan las manos. Los individuos con fobia social experimentan casi siempre síntomas de ansiedad (p. ej., palpitaciones, temblores, sudoración, molestias gastrointestinales, diarrea, tensión muscular, enrojecimiento, confusión) en las situaciones sociales temidas, y, en los casos más serios, estos síntomas pueden llegar a cumplir los criterios diagnósticos de una crisis de angustia . El enrojecimiento es muy típico de la fobia social.
Los adultos con fobia social reconocen que sus temores son excesivos o irracionales, aunque
esto puede no suceder con los niños. Por ejemplo, en un individuo que elude comer en público
porque está convencido de que la policía lo estará vigilando y que, por otra parte, no reconoce que
este temor es excesivo e irracional, el diagnóstico correcto sería trastorno delirante antes que fobia
social. Es más, tampoco deberían diagnosticarse de fobia social aquellos temores que son congruentes
con el contexto del estímulo (p. ej., miedo a ser preguntado en clase por el profesor cuando
no se ha preparado la lección).
De forma característica, el individuo con fobia social evitará las situaciones temidas. Con menos
frecuencia, se obligará a sí mismo a soportar estas situaciones, aunque a costa de una intensa ansiedad.
También puede aparecer una acusada ansiedad anticipatoria mucho antes de que el individuo
deba afrontar la situación social temida o la actuación en público (p. ej., preocupaciones diarias durante
varias semanas antes de asisitir a un acontecimiento social). A veces llega a constituirse un ciclo
vicioso, formado por ansiedad anticipatoria que provoca ideas de miedo y síntomas de ansiedad
una vez en la situación temida, lo que produce un rendimiento insatisfactorio real o subjetivo en este
tipo de situaciones, lo cual genera más malos ratos y más ansiedad anticipatoria, y así sucesivamente.
Para establecer el diagnóstico de fobia social, los temores o los comportamientos de evitación
deben interferir marcadamente en la actividad laboral o académica del individuo o en sus relaciones
sociales, o generar un malestar clínicamente significativo. Por ejemplo, una persona que teme
hablar en público no será diagnosticada de fobia social si su trabajo o su actividad escolar no le
exigen la pronunciación habitual de discursos y no se siente especialmente preocupada por este
tema. Los temores a que ciertas situaciones sociales resulten embarazosas son frecuentes, pero el
grado de malestar o el deterioro general que suelen provocar no son lo suficientemente intensos
como para permitir diagnosticar con seguridad una fobia social. La ansiedad o la evitación transitoria
de situaciones sociales son especialmente frecuentes en la infancia y la adolescencia (p. ej.,
una chica adolescente puede evitar comer delante de los chicos durante una breve temporada y luego
volver a comportarse normalmente). En los individuos menores de 18 años sólo los síntomas
que persisten por lo menos 6 meses permiten realizar el diagnóstico de fobia social.
1.h. El trastorno obsesivo-compulsivo
Trastorno obsesivo-compulsivo Características diagnósticas:
La característica esencial del trastorno obsesivo-compulsivo es la presencia de obsesiones o
compulsiones de carácter recurrente (Criterio A) lo suficientemente graves como para provocar
pérdidas de tiempo significativas (p. ej., el individuo dedica a estas actividades más de 1 hora al
día) o un acusado deterioro de la actividad general o un malestar clínicamente significativo (Criterio
C). En algún momento del curso del trastorno el individuo reconoce que estas obsesiones o
compulsiones son exageradas o irracionales (Criterio B). Si hay cualquier otro trastorno del Eje I,
el contenido de las obsesiones o compulsiones no se limita a él (Criterio D). Este trastorno no se
debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o de una enfermedad
médica (Criterio E). Las obsesiones se definen como ideas, pensamientos, impulsos o imágenes de carácter persistente que el individuo considera intrusas e inapropiadas y que provocan una ansiedad o malestar significativos.
Esta cualidad intrusa e inapropiada que caracteriza las obsesiones se ha venido a denominar "egodistónica". Este concepto hace referencia a la sensación que tiene el individuo de que el contenido de la obsesión es ajeno fuera de su control y no encaja en el tipo de pensamientos que él esperaría tener. Sin embargo, el individuo es capaz de reconocer que estas obsesiones son el producto de su mente y no vienen impuestas desde fuera (como sucede en la inserción del pensamiento). Las obsesiones más frecuentes son ideas recurrentes que versan sobre temas como la contaminación (p. ej., contraer una enfermedad al estrechar la mano de los demás), dudas repetitivas (p. ej., preguntarse a uno mismo si se ha realizado un acto en concreto, como haber atropellado a alguien con el coche o haber olvidado cerrar la puerta con llave), necesidad de disponer las cosas según un orden determinado (p. ej., intenso malestar ante objetos desordenados o asimétricos), impulsos de carácter agresivo u horroroso (p. ej., herir a un niño o gritar obscenidades en una iglesia) y fantasías sexuales (p. ej., una imagen pornográfica recurrente). Estos pensamientos, impulsos o imágenes no constituyen simples preocupaciones excesivas por problemas de la vida real (p. ej., inquietud o dificultades del momento, p. ej., económicas, laborales, o escolares); es más, rara vez se relacionan con hechos de la vida real.
El individuo que tiene obsesiones intenta con frecuencia ignorar o suprimir estos pensamientos o impulsos o bien neutralizarlos mediante otras ideas o actividades (es decir, compulsiones). Por ejemplo, un individuo plagado de dudas sobre si ha desconectado el horno, intenta neutralizarlas comprobando una y otra vez que efectivamente se encuentra apagado.
Las compulsiones se definen como comportamientos (p. ej., lavado de manos, puesta en orden de objetos, comprobaciones) o actos mentales (p. ej., rezar, contar o repetir palabras en silencio) de carácter recurrente, cuyo propósito es prevenir o aliviar la ansiedad o el malestar, pero no proporcionar placer o gratificación. En la mayoría de los casos la persona se siente impulsada a realizar la compulsión para reducir el malestar que lleva consigo una obsesión determinada o bien para prevenir algún acontecimiento o situación negativos. Por ejemplo, los individuos que están obsesionados por la posibilidad de contraer una enfermedad pueden aliviar este malestar mental lavándose las manos hasta que se les arruga la piel; los individuos perturbados por la idea de haber olvidado cerrar una puerta con llave pueden sentirse impulsados a comprobar la cerradura cada 5 min; los individuos obsesionados por pensamientos blasfemos no deseados pueden verse aliviados contando del 1 al 10 y del 10 al 1 cien veces por cada uno de estos pensamientos. En algunos casos estos individuos realizan actos fijos o estereotipados acordes con reglas elaboradas de manera idiosincrásica sin ser capaces de indicar por qué los llevan a cabo. Por definición, las compulsiones resultan claramente excesivas o no están conectadas de forma racional con las ideas que deben neutralizar o prevenir. Las compulsiones más frecuentes implican tareas de lavado o limpieza, comprobaciones, demandas o exigencias de certeza, actos de carácter repetitivo y puesta en orden de objetos. Por definición, los adultos que presentan un trastorno obsesivo-compulsivo reconocen en algún momento del curso del trastorno que las obsesiones o las compulsiones son excesivas o irracionales.
Este requisito no se exige en el caso de los niños debido a que, por su edad, puede que no dispongan
todavía de la suficiente capacidad cognoscitiva para llegar a conclusiones de este tipo. Sin embargo,
incluso en los propios adultos puede observarse un amplio espectro en el nivel de comprensión relativo
a la racionalidad de las obsesiones o compulsiones. Algunos individuos se muestran dubitativos
sobre la racionalidad de sus obsesiones o compulsiones, y la propia comprensión de este tema puede
variar según el momento y el lugar en un mismo sujeto. Por ejemplo, el individuo puede reconocer
que su obsesión por la posibilidad de contraer una enfermedad es irracional cuando habla de ello en
una "situación segura" (p. ej., en la consulta del terapeuta), pero no dice lo mismo cuando se le fuerza
a coger unas monedas. Es en este momento en que el individuo reconoce la irracionalidad de sus
obsesiones o compulsiones cuando puede sentirse dispuesto a resistirlas e incluso puede llegar a intentarlo.
Al hacerlo, puede invadirle una sensación progresiva de ansiedad o tensión que suele aliviarse
rindiéndose a los actos compulsivos. En el curso del trastorno, y después de repetidos fracasos
al intentar resistir las obsesiones o compulsiones, el individuo puede claudicar ante ellas, no volver a
desear combatirlas nunca más e incorporar estas compulsiones a sus actividades diarias.
Las obsesiones o compulsiones producen un malestar clínicamente significativo, suponen una pérdida
de tiempo notable (ocupan más de 1 hora al día) o interfieren acusadamente con la rutina diaria
del individuo, su rendimiento laboral o sus actividades sociales o relacionales. Estas obsesiones o compulsiones pueden reemplazar comportamientos productivos y gratificantes y desestructurar enormemente la actividad global del individuo. Dado el potencial perturbador que las caracteriza, estas obsesiones suelen ocasionar una disminución del rendimiento personal en las actividades o tareas cognoscitivas que requieren concentración, como son la lecutra o el cálculo mental. Además, muchos
individuos acaban evitando objetos o situaciones que suelen provocar obsesiones o compulsiones. Este
comportamiento de evitación puede generalizarse y limitar seriamente la actividad global del individuo
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2. Trastornos del estado de ánimo
2.a. Episodios afectivos
2.a.1. Episodio depresivo mayor
2.a.2. Episodio maníaco
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3.a.4. Episodio hipomaníaco
2.b. Trastornos depresivos
2.b.1. Trastorno depresivo mayor
2.b.2. Trastorno distímico
2.b.3. Trastorno depresivo no especificado
2.c. Trastornos bipolares
2.c.1. Trastorno bipolar I
2.c.2. Trastorno bipolar II
2.c.3. Trastorno ciclotímico
Trastorno bipolar no especificado
2.d. Otros trastornos del estado de ánimo
2.d.1. Trastorno del estado de ánimo
3. Trastornos del control de los impulsos no clasificados en otros apartados
3.a. Trastorno explosivo intermitente. Se caracteriza por la aparición de episodios aislados en
los que el individuo no puede controlar los impulsos agresivos, dando lugar a violencia o a destrucción
de la propiedad.
3.b. Cleptomanía. Se caracteriza por una dificultad recurrente para resistir el impulso de robar
objetos que no son necesarios para el uso personal o por su valor monetario.
3.c. Piromanía. Se caracteriza por un patrón de comportamiento que lleva a provocar incendios
por puro placer, gratificación o liberación de la tensión.
3.d. Juego patológico. Se caracteriza por un comportamiento de juego desadaptado, recurrente y persistente.
3.e. Tricotilomanía. Se caracteriza por un comportamiento recurrente de arrancarse el propio cabello por simple placer, gratificación o liberación de la tensión que provoca una perceptible pérdida de pelo.
3.f. Trastorno del control de los impulsos no especificado.
4. Trastornos de la conducta alimentaria
4.a. La anorexia nerviosa
4.b. La bulimia nerviosa
4.c. El trastorno de la conducta alimentaría no especificado
5. Trastornos del sueño
5.a. Los trastornos primarios del sueño.
5.b. Disomnias (caracterizadas por trastornos de la cantidad, calidad y horario del sueño)
5.c. Parasomnias (caracterizadas por acontecimientos o condutas anormales asociadas al sueño, a sus fases específicas o a los momentos de transición sueño- vigilia).
5.d. El trastorno del sueño relacionado con otro trastorno mental consiste en alteraciones del
sueño debidas a un trastorno mental diagnosticable (a menudo trastornos del estado de ánimo o
trastornos de ansiedad), que es de suficiente gravedad como para merecer atención clínica independiente.
5.e. El trastorno del sueño debido a una enfermedad médica consiste en alteraciones del sueño
como consecuencia de los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica.
5.f. El trastorno del sueño inducido por sustancias consiste en alteraciones del sueño como consecuencia del consumo o del abandono de una sustancia en particular (fármacos incluidos).
6. Trastornos sexuales y de la identidad sexual
6.a. Las disfunciones sexuales
6.a.1. El deseo sexual hipoactivo,
6.a.2. Trastorno por aversión al sexo
6.b. Trastornos de la excitación sexual
6.b.1. El trastorno de la excitación sexual en la mujer,
6.b.2. El trastorno de la erección en el varón
6.c. Trastornos del orgasmo
6.c.1. La disfunción orgásmica femenina,
6.c.2. La disfunción orgásmica masculina
6.c.3. La eyaculación precoz
6.d. Trastornos sexuales por dolor
6.d.1. La dispareunia y vaginismo
6.d.2. La disfunción sexual debida a una enfermedad médica,
6.d.3. La disfunción sexual inducida por sustancias
6.d.4. La disfunción sexual no especificada
6.e. Los trastornos de la identidad sexual se caracterizan por una identificación intensa y persistente
con el otro sexo, acompañada de malestar persistente por el propio sexo.
6.f. El trastorno sexual no especificado
7. Trastornos de la personalidad
7.a. El trastorno paranoide de la personalidad es un patrón de desconfianza y suspicacia que
hace que se interpreten maliciosamente las intenciones de los demás.
7.b. El trastorno esquizoide de la personalidad es un patrón de desconexión de las relaciones sociales
y de restricción de la expresión emocional.
7.c. El trastorno esquizotípico de la personalidad es un patrón de malestar intenso en las relaciones
personales, distorsiones cognoscitivas o perceptivas y excentricidades del comportamiento.
7.d. El trastorno antisocial de la personalidad es un patrón de desprecio y violación de los derechos
de los demás.
7.e. El trastorno límite de la personalidad es un patrón de inestabilidad en las relaciones interpersonales,
la autoimagen y los afectos, y de una notable impulsividad.
7.f. El trastorno histriónico de la personalidad es un patrón de emotividad excesiva y demanda de atención.
7.g. El trastorno narcisista de la personalidad es un patrón de grandiosidad, necesidad de admiración
y falta de empatía.
7.h. El trastorno de la personalidad por evitación es un patrón de inhibición social, sentimientos
de incompetencia e hipersensibilidad a la evaluación negativa.
7.i. El trastorno de la personalidad por dependencia es un patrón de comportamiento sumiso y
pegajoso relacionado con una excesiva necesidad de ser cuidado.
7.j. El trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad es un patrón de preocupación por el
orden, el perfeccionismo y el control.
7.k. El trastorno de la personalidad no especificado